martes, 7 de mayo de 2013

La primera clase de LITERATURA

Si sos profesor, preferentemente joven y notas que tus alumnos quieren desalentar tu trabajo, lo primero que harán es preguntarte: ¿Vos qué enseñas? A lo que contestás liviana: LITERATURA.
El problema es cuando te re-preguntan: ¿Y qué es la literatura?
Bueno, son las 7:50 de la mañana y no tenés ganas de pensarlo, entonces les contestás:
Saquen una hoja!!!
Pongan de título La literatura y el texto literario

Dicto, aclaro que repito una sola vez, no levanten la voz para que puedan copiar sus compañeros!

Dicto:

La literatura es un arte que plantea siempre un ideal de belleza, un ideal de lengua escrita, un autor del siglo, un autor nacional, un lector ideal, etc. El concepto no se puede definir de una vez y para siempre porque todo ideal es histórico y culturalmente divergente. Si bien no podemos acceder a una idea universal o atemporal, podemos acceder a la literaturidad o la cualidad literaria de un texto.
Un texto literario tiene 4 características:
- Ha perdido su practicidad o finalidad específica, por lo tanto no es ideal para comunicarnos o guiarnos. Por ejemplo, si leemos una carta cuyo fin es literario, esta no es enviada por correo por ninguna persona a nadie en particular.
-Recrea un mundo producto de la imaginación, es decir, una ficción o artificio. No se trata de una mentira y no busca engañarnos, sino que pretende que el lector se evada de la realidad.
-Posee una función poética o estética, ya que se vale de ciertos recursos expresivos para generar el oscurecimiento de la forma. A través de las metáforas, los enigmas, la ambigüedad, el eufemismo, la ironía o la imagen sensorial, el texto literario retrasa el conocimiento y provoca un gasto perceptivo que entrena a los lectores a realizar una lectura más o menos perspicaz.
-Plantea nuevos usos del lenguaje y por lo tanto nuevos significados. Genera entonces el extrañamiento del lector, que ya no podrá guiarse por el significado natural, automático o habitual de las formas.

Después toca el timbre y te tomás unos mates en sala de profesores, quien te dice que conocés al filósofo de tus sueños...
 

martes, 19 de febrero de 2013

Pantufla de mercanchifle

Hace días que vengo buscando calzado cómodo. No lo encuentro, no entiendo qué pasa con la industria. Tengo varias sandalias, ojotas, un par de Vans viejas rotas y las pantuflas del mercanchifle. Mi vida sin auto me lleva a buscar un par de zapas, pero no zapas de adolescente, ni zapas de lumpen; la industria local no entiende que todavía hay individuos individualistas, no tradicionales, contraculturales, antisociales, que evidentemente no intentan vestirse para congeniar con un grupete generacional, gente como uno que ni siquiera está de ánimo para identificarse con la propuesta de  lo popular masivo que emana de las grandes marcas. Ahora que escribo, calzo las pantuflas del mercanchifle, que más de una vez fueron elogiadas por mis visitas; no obstante, casi me mato dos veces, cuando estaba bajando por la trampa-caracol.
Aquellos que tengan auto están invitados a acompañarme en la búsqueda!!! Chíflenme =)

viernes, 25 de enero de 2013

La Dessolación


La dessolación es des-solarse, porque solarse está bien unos días, más de tres meses no. Entonces, comparto mi cama con un lector, sí, uno de ustedes, cualquiera.
Me despierto acá, me duermo y me descanso. También me agasajo con un paquete de galletitas. Nunca me faltan las maicenitas, el vaso de terma y mi ventilador turbo. Por eso, si quieren dessolarse, intentenló! Nunca es tarde para el putibloggering sentimental

martes, 22 de enero de 2013

Interrupción de la siesta

Uno de los perros de al lado impone terror. Siempre aúlla con la sirena de los bomberos; pero no ladra ante la aparición de niños perdidos, pibes con gomera, motochorros en fuga, etc. Su dueño nunca lo llama por su nombre, o el perro no tiene nombre. Chisté para callarlo, pero el animal todavía aúlla porque la sirena continúa. El sonido dispara su canción rastrera, sin otra causa que un mal presagio, el dolor en sus tímpanos o el instinto del lobo ancestral que perdió a la manada. Hay instintos durmiendo adentro del perro hasta que de pronto algo no muy lejos lo llama. Lo que pasa ya no le importa, pierde contacto con nuestra realidad doméstica y abandona su vida llana.

jueves, 10 de enero de 2013

¿Suspiro de monja o bola de fraile?

No me da bola
me da, me dio; me dará?
bola, boludo, bala

Pero no es gay
yo no, yo no
sí, es re
¿refleja mi ser?

Quiero estar
bien?
con él?
Quiero ser
flan?

Otra vez escondo
deseo
en mí
Mamushka
una mujer
esconde otra

jueves, 3 de enero de 2013

Con o sin

Las cosas se desprenden, se dividen, y el tacto es esa imagen sensorial con la que significamos nuestra capacidad de apego/desapego. Uno tiene tacto cuando sabe tratar al otro como lo merece. Y es por eso que nadie en su sano juicio tratará al paria con lástima. Al paria, ser insignificante, del que se puede pasar, como de un clochard, no se lo observa con detenimiento. No obstante, su imagen sobrevive e impregna la retina. No la podemos desechar porque consigo lleva la incoherencia de vivir a la intemperie; esto es haber perdido el hogar o el derecho a la familia. Carecer o prescindir de ella es un hecho social in crescendo.
El desapego del paria es intencional ya que elige lo que la mayoría evade: llámese soledad o angustia de no tener con quien contar. Si tratamos al paria con lástima, si derrochamos gotas de cariño sobre su rostro, palabras de elogio o compasión, estamos ofreciéndole un resto del que quiso huir.
Mucha gente sin tacto olvida que quienes viven la angustia y eligen la soledad no pueden fingir apego, porque un paria solo recibe lo que da o lo que es igual, indiferencia.